Cuando empecé a escribir este blog, hace ya más de año y medio, me propuse ir posteando los muchos textos y reflexiones que tengo guardados por los rincones de mi memoria (y mis discos duros). Empecé a hacerlo, pero no sé por qué poco después lo dejé; hoy que es la noche de San Juan y me he puesto a recordar tiempos pasados, me he acordado de la Desiderata, un texto bellísimo con el que tropecé hace años y que me ha apetecido recitar una vez más:
Gracias a mi hermana Mamen me ha llegado este texto, me ha parecido buenísimo:
Mamá y Papá estaban mirando la televisión cuando Mamá dijo: "Estoy cansada, es tarde, me voy a la cama".
Fue a la cocina a preparar los bocadillos para el día siguiente. Puso en remojo los recipientes de las palomitas, sacó la carne del congelador para la cena del día siguiente, controló si quedaban bastantes cereales, llenó el azucarero, puso las cucharitas y los cuencos del desayuno en la mesa y dejó preparada la cafetera. Puso la ropa húmeda en la secadora, la ropa sucia en la lavadora, planchó una camisa y cosió un botón, recogió los juguetes, puso a cargar el teléfono y guardó la guía telefónica. Regó las plantas, ató la bolsa de basura y tendió una toalla. Bostezó, se desperezó y se fue al dormitorio. Se paró un momento para escribir una nota a la maestra, contó el dinero para la excursión y cogió un libro que estaba debajo de la silla. Firmó una felicitación para un amigo y escribió la dirección en el sobre, escribió una nota para el charcutero y colocó todo junto a su bolso. Mamá a continuación se lavó la cara con las toallitas, se puso crema anti-arrugas, se lavó los dientes y las uñas.
Papá gritó: "pensaba que te estabas yendo a la cama". "Estoy yendo", dijo ella. Puso un poco de agua en el bebedero del perro y sacó el gato al balcón, cerró la puerta con llave y apagó la luz de la entrada. Dio una ojeada a los niños, les apagó las luces y la televisión, recogió una camiseta, tiró los calcetines a la cesta de ropa y habló con uno de ellos que estaba todavía haciendo los deberes. En su habitación puso el despertador, preparó la ropa para el día siguiente, ordenó mínimamente el zapatero. Añadió tres cosas a las seis de la lista de las cosas urgentes, dijo sus oraciones y visualizó el alcanzar sus propios objetivos.
En ese momento, Papá apagó la televisión y anunció: "me voy a la cama". Y lo hizo, sin otros pensamientos.
¿Nada extraordinario? ¿Os preguntáis por qué las mujeres viven más tiempo? Porque están hechas para los largos recorridos (y no se pueden morir antes, tienen demasiadas cosas que hacer).
Manda este e-mail a cinco mujeres fenomenales, lo apreciarán, y a algunos hombres que tengan la inteligencia de poder apreciarlo. Después....
¡¡¡VETE A LA CAMA!!!
Anoche salí a tomar unas cervecitas con los compañeros de un antiguo proyecto, a los que hacía tiempo que no veía, y comentando qué tal iban las cosas en el trabajo, uno de ellos afirmó convencido: todos mis días en la oficina son el día de la marmota.
Su frase me hizo sonreír... supongo que todos habréis visto la curiosa película Atrapado en el tiempo, donde el pobrecito Bill Murray se ve obligado por alguna fuerza extraña a vivir una y otra vez el mismo día, el 2 de febrero, día de la marmota. A mi hermana y a mí nos hizo mucha gracia esa película, y durante años hemos tenido la costumbre de felicitarnos mutuamente con una tarjetita electrónica en el día señalado ( Groundhog Day en Estados Unidos)
Pues bien, no es la primera vez que un consultor informático me cuenta que vive en el día de la marmota... y yo misma hace un rato, cuando me he puesto a clasificar la ropa para ver qué me llevo a Irlanda, he sentido esa sensación al ver los tres o cuatro conjuntos con los que me vestía para ir a trabajar: todos por el estilo, sota, caballo y rey, lunes, martes y miércoles, uno detrás de otro, hasta el punto en que ya no sabes en qué día vives.
Deprimente, ¿verdad?
¡Sólo si nosotros nos dejamos! Al igual que en la película, depende de nosotros el conseguir que cada día sea diferente y único...
NO TE DETENGAS
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
Mi niño y yo cumplimos hoy un mes de casados, y para celebrarlo, aquí tenéis na pequeña lección del maestro Khalil Gibran:
Entonces, Almitra habló otra vez:
¿Qué nos diréis sobre el matrimonio, Maestro?
Y ésta fue su respuesta:
Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Estaréis juntos cuando las blancas alas de la muerte esparzan vuestros días.
Y también en la memoria silenciosa de Dios estaréis juntos.
Pero dejad que crezcan espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo libren sus danzas entre vosotros.
Amaos con devoción, pero no hagáis del amor una atadura.
Haced del amor un mar móvil entre las orillas de vuestras almas.
Llenaos el uno al otro de vuestras copas, pero no bebáis de una misma copa.
Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero se adueñe de él.
Porque sólo la mano de la vida puede contener los corazones.
Y permaneced juntos, pero no demasiado juntos.
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble.
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