Muchas veces hemos comentado las diferencias entre Irlanda y España con respecto a todo el tema de embarazos y partos: como siempre pasa con las comparaciones, hay algunos aspectos en los que España está claramente mejor (o mucho mejor, en algunos casos), pero hay otros en los que considero que está mejor Irlanda.
Aprovecho que he estado hace poco rellenando los papeles de la baja por maternidad para contaros un poco cómo funciona el tema aquí en Irlanda.
La normativa irlandesa a este respecto ha evolucionado mucho en los últimos años, cosa que por desgracia en España no parece haber pasado: desde que nosotros nos mudamos a Irlanda a finales de 2005, la duración de la baja por maternidad ha pasado de ser de 18 semanas a 26, con su correspondiente prestación, más la posibilidad de coger a continuación hasta 16 semanas de baja sin remunerar. Si uno lo compara con las 16 semanas que se conceden en España (por mucho que vengan seguidas de la famosa hora de lactancia, que todo el mundo que conozco convierte en un mes adicional), se ve que hay bastante diferencia...
Con este post retomamos el tema de los embarazos en Irlanda, que parece que ahora está otra vez muy de moda
El seguimiento del embarazo en este país se hace a través de un esquema combinado, llamado Maternity and Infant Care Scheme, por el que los chequeos se van alternando entre el GP (algo así como el médico de familia) y el hospital elegido para dar a luz. Los chequeos que se llevan a cabo en la consulta del GP son gratuitos, y los del hospital varían de precio dependiendo de si se va por privado, semiprivado o público: por público son también gratuitos, y por privado y semiprivado se paga una cantidad fija por todo el seguimiento (esta cantidad será mayor o menor dependiendo de una serie de factores, como el consultant que se elija, por ejemplo).
Éste es otro de los temas sobre los que llevo mucho tiempo queriendo escribir y no encontrando el momento.
Una de las primeras decisiones a las que se enfrenta una futura madre es la de dar o no dar el pecho a su bebé... Cuando iba a nacer Irene yo había decidido intentarlo (al igual que la inmensa mayoría de las madres, al menos las que yo conozco), y me hacía muchísima ilusión, pero no confiaba del todo en que fuera a salir bien, supongo que porque conocía de muchos casos cercanos en los que se había tenido que recurrir al biberón más o menos pronto.
Hasta a los blogs más optimistas les toca de vez en cuando repartir malas noticias...
Número Dos ya no va a venir a vivir con nosotros, algo salió mal por el camino y el pobre no lo pudo superar. Primero pensamos que nos habíamos equivocado con las fechas y que era más pequeñito de lo que habíamos calculado, pero en realidad lo que pasaba es que había dejado de crecer; el jueves una ecografía nos lo confirmó.
Así que de momento vamos a seguir siendo tres en casa: Papá, Mamá e Irene, que es nuestra alegría y nuestra medicina para los malos ratos. Y no os preocupéis, de verdad, que el mal ratillo ya lo pasamos el jueves, pero después ya lo hemos ido asimilando, y la verdad es que si nos paramos a pensar, ha ocurrido de la mejor manera posible: muy al principio del embarazo, y no con el primero sino con el segundo, cuando ya tenemos una niña preciosa para recordarnos que es posible, que ya lo hemos conseguido una vez, y que lo volveremos a conseguir, sin ninguna duda.
Y ya está, ahora lo que toca es mirar para alante... Gracias por vuestro apoyo y vuestras palabras de ánimo
El sistema sanitario irlandés es dificilillo de entender, es una mezcla muy rara de sanidad pública y privada, y es muy fácil despistarse intentando averiguar cómo funciona... de hecho, cuando me puse a escribir este post me di cuenta de que ni yo misma lo tenía claro, así que pedí ayuda: gracias a Bea, una de las comadronas que me atendió cuando nació Irene, ahora os puedo contar un poco cómo va el tema, ¡gracias Bea!
Hace ya tiempo que tengo pendiente escribir una miniguía sobre este tema, basada sobre todo en mi propia experiencia, por si sirve de ayuda a alguien (y de paso a ver si consigo animar a alguna amiga Spaniard a unirse al club de mamis en Irlanda  )
Andábamos por abril de 2006 cuando Fredi y yo vimos aparecer las dos rayitas en el Predictor, ¡Yupiiiii! Estamos embarazados... ¿y ahora qué hacemos?
No teníamos ni idea de por dónde empezar; llevábamos seis meses en Irlanda y nunca habíamos necesitado ir al médico, sabíamos que teníamos seguro médico por la empresa pero nunca habíamos hecho uso de él... Pues bien, para ahorraros un poco de todo ese despiste inicial, aquí están los pasos que hay que seguir:
Lo primero que hay que hacer es ir a ver a un GP (General Practicioner) para confirmar que en efecto estás embarazada. El GP sería más o menos el equivalente al médico de familia, en el sentido de que es el punto de partida desde el que luego si hace falta te mandan a un especialista, pero de entrada hay que ir siempre al GP. ¿Y cómo se busca un GP? Pues a diferencia de como funcionan los médicos de cabecera en España, no te corresponde uno por zona, simplemente te buscas uno y ya está. Yo en aquellos tiempos no conocía ese link y lo que hice fue preguntarle a un compañero de trabajo, y él me indicó un GP cerca de mi casa.
Una vez en el GP, te toca pagar unos 50€ por la consulta (otra diferencia con respecto al sistema español), pero es sólo la primera visita, a partir de ahí puedes rellenar un formulario del sistema público de salud que te da derecho al seguimiento gratuito del embarazo por parte del GP, y esto incluye: seis revisiones antenatales, un chequeo de la madre y el bebé a las dos semanas de nacer, y otro chequeo del bebé a las seis semanas. La idea es repartir un poco la tarea entre el ginecólogo y el GP, de manera que se alternen las visitas al uno y al otro y así se descongestionen un poco los hospitales de maternidad, que es donde están la mayoría de los ginecólogos. En algunos centros de salud además del GP hay una comadrona, con lo cual el servicio es mucho más completo.
(ACTUALIZACIÓN: más información sobre el Maternity and Infant Care Scheme)
Otra decisión que hay que tomar es en qué hospital quieres dar a luz, pues allí es donde te van a hacer también un seguimiento desde el embarazo (normalmente desde la semana 12 o 14). Yo fui a Rotunda entre otras cosas porque me caía al ladito de casa, pero no hay obligación de ir a ninguno determinado por zona; las tres maternidades que yo conozco en Dublín son:
- The Rotunda Hospital, en el centro (al norte del Liffey)
- The National Maternity Hospital, más conocido como Holles Street, también más o menos céntrico (al sur del Liffey)
- The Coombe Women & Infants University Hospital, hacia el sur, en Dublín 8.
Todos estos hospitales son públicos, pero cuentan también con servicios semiprivados y privados, con lo que hay varias opciones con distintos precios; y para terminar de completar el abanico, también existen servicios llevados únicamente por comadronas, para las mujeres con embarazo de bajo riesgo que quieren dar a luz en su casa, o bien dar a luz en el hospital pero luego irse a casa unas horas después del parto... todo esto lo explicaré más en detalle en el próximo capítulo.
ACTUALIZACIÓN: Además de los tres hospitales públicos que menciono más arriba, existe también en Dublín una clínica privada con maternidad, el Mount Carmel Hospital. El único comentario que he oído sobre ellos es que no tienen unidad de cuidados intensivos, (UCI o UVI), por lo que si hay cualquier complicación al final acabas en una ambulancia camino de la maternidad pública más cercana. Sinceramente, no creo que ésta sea una muy buena opción, por muy bonitas que sean las habitaciones
Irene todavía no ha empezado pero empezará... no os perdáis este vídeo que comentan en el blog del consultor anónimo: las rabietas de los niños.
Prácticamente desde que nació Irene tengo la costumbre de hablarle mucho (en español, por supuesto), en parte porque me sale solo, pero también porque leí que es muy bueno para los bebés, para que se vayan acostumbrando a los sonidos y las palabras; así que empecé a hablarle de bien pequeñita, sólo para que oyera mi voz, aun sabiendo que no me entendía nada...
... y ahora que los meses han pasado casi sin darme cuenta, ¡resulta que ya lo entiende casi todo! Dicen que cuando un bebé empieza a hablar en realidad las palabras no las está aprendiendo en ese momento, sino que ya las conoce de antes; ahora con Irene estoy comprobando que es verdad, y me estoy quedando alucinada de lo rápido que aprende.
Y claro, lo que aprende es lo que ve a su alrededor, lo que vive en casa... a fin de cuentas, lo que nosotros le enseñamos, incluso aunque se lo enseñemos sin darnos cuenta, porque es como una esponjita que lo absorbe todo... Pensando en esto me he acordado de un texto que tenía guardado hace años y que hace poco rescaté al pasar por Madrid, la verdad es que hace pensar:
Si los niños conviven con las críticas, aprenden a condenar.
Si los niños conviven con la hostilidad, aprenden a pelear.
Si los niños conviven con el miedo, aprenden a ser cobardes.
Si los niños conviven con la compasión, aprenden a compadecerse de sí mismos.
Si los niños conviven con el ridículo, aprenden a ser tímidos.
Si los niños conviven con los celos, aprenden lo que es la envidia.
Si los niños conviven con la vergüenza, aprenden a sentirse culpables.
Si los niños conviven con la tolerancia, aprenden a ser pacientes.
Si los niños conviven con el estímulo, aprenden a estar seguros de sí mismos.
Si los niños conviven con el elogio, aprenden a apreciar.
Si los niños conviven con la aprobación, aprenden a gustarse a sí mismos.
Si los niños conviven con la aceptación, aprenden a encontrar el amor en el mundo.
Si los niños conviven con el reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.
Si los niños conviven con la generosidad, aprenden a ser generosos.
Si los niños conviven con la sinceridad y el equilibrio, aprenden lo que son la verdad y la justicia.
Si los niños conviven con la seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes les rodean.
Si los niños conviven con la amistad, aprenden que el mundo es un bello lugar donde vivir.
Si los niños conviven con la serenidad, aprenden a tener paz mental.
¿Con qué están conviviendo tus hijos?
Dorothy L. Nolte
Vaya responsabilidad, ¿eh?
Y por fin una noche, cuatro días después de salir de cuentas, llegaron las contracciones... era el 15 de diciembre de 2006, Fredi me ha ayudado a reconstruir una cronología aproximada:
Bueno, para que os hagáis una idea de cuánto lleva el borrador de este post aquí empezado, que sepáis que el título original era Un mes después... ayer, cuando me mandaron el enlace al reportaje digital El parto es mío, recordé que todavía lo tenía sin publicar, aquí lo tenéis:
Bueno, bueno, ya veis que casi nunca escribo, pero hoy parece que me han dado cuerda
Hoy tenía muchas cosas que contar. Y hay otras muchas que hace tiempo que tengo pendientes, pero son posts tan extensos que nunca encuentro tiempo para acabarlos, y me había dicho a mí misma "de hoy no pasa", pero ya son las doce y pico de la noche y mucho me temo que hoy tampoco va a poder ser (que luego Irene pasa factura).
Pero al menos quería mencionarlos aquí para que sepáis que quedan pendientes: quiero contaros, antes de que empiecen a borrarse los recuerdos, cómo fue el nacimiento de Irene: cómo me preparé para el parto y cómo salió todo al final, y también cómo me ha ido (o mejor dicho, cómo me va) con la lactancia materna, que es una experiencia maravillosa pero que cuesta bastante, sobre todo al principio, hasta que todo se pone en marcha.
Ahora soy inmensamente feliz de ver a Irene tan crecidita, y me siento muy orgullosa del camino que hemos recorrido juntos los tres hasta ahora... y eso que todavía como quien dice no hemos visto nada, que tenemos toda la vida por delante, una vida en la que los tres vamos aprendiendo día a día. En cada etapa hay algo nuevo que conquistar: superadas las dificultades de los primeros meses, el reto ahora es la hora de dormir; dentro de nada serán las primeras papillas, y luego vendrá mi vuelta al trabajo... y me alegro de tener este blog para que quede todo grabado, y un día dentro de muchos años podamos leerlo y recordar cómo fueron estos años de tantas vivencias.
Ahora Irene me reclama, y ella es lo primero, pero mañana sin falta sigo escribiendo...
Y hoy en España (¿y quizás en todo el mundo hispanohablante?) se celebra San José, el día del padre
Desde aquí mi felicitación a todos los felices papás, en especial a los que, como Fredi, se han estrenado este año:
¡Felicidades, Jose!
¡Felicidades, Jorge!
¡Felicidades, Óscar!
¡Felicidades, Víctor!
Y por supuesto... ¡¡¡FELICIDADES FREDIIIIIII!!!
Hoy en Irlanda (y en todo el mundo anglosajón, creo) es el día de la madre, ¡y este año también es mi día! ¡Qué ilu!
Desde aquí mi felicitación a todas las madres, y en especial a las que, como yo, han sido madres en este último año.
Así que, por orden cronológico...
¡Felicicidades, Blanca!
¡Felicidades, Carlota!
¡Felicidades, Vicky!
¡Felicidades, Magda!
(Sorry si me dejo a alguien... daos todas por felicitadas  )
Estaba respondiendo al comentario de Eneko en mi post anterior, y como vi que tenía para explayarme un rato, mejor lo escribo en un post nuevo.
La pregunta era: ¿Y no has pensado en no trabajar durante los dos primeros años o así?
Pues la verdad es que es complicado...
Para empezar, Fredi no está convencido de que aguante toda la baja maternal en casa sin querer volver a trabajar; en total, contando la baja ordinaria y la extendida, son ocho meses.
Hablando con personas cercanas que han pasado por la misma situación, he visto un poco de todo. Por un lado, mi cuñada por ejemplo decía que tenía muchas ganas de volver a trabajar después de la baja (que en España, recordemos, es de 16 semanas), y al preguntarle aquí a una compañera de trabajo me definió esa sensación de una forma muy gráfica: Oh my God, I need to use my brain again! ( Dios mío, ¡necesito volver a utilizar el cerebro!)
Pero por otro lado sé que mi hermana ha estado supercontenta con el año que ha estado sin trabajar y cuidando de su niña (¡felicidades, Isabel, que hoy cumples un añito!); yo la he visto superfeliz todo este tiempo. Claro, que eso de pedir una excedencia como ha hecho ella es un lujo que en España sólo pueden permitirse los funcionarios... no quiero ni pensar en cómo hubiera sido esto si yo aún trabajara en una consultora en Madrid.
Yo por mi parte creo que ocho meses está bien, es ya un cierto privilegio sobre la que sería mi situación si estuviera en España, y además me apetece un montón pasar ese tiempo con nuestra hija. Me lo planteo como una nueva etapa de la vida, donde sin duda las dos, Irene y yo, aprenderemos un montón de cosas... y a lo mejor después resulta que me encuentro con que no me apetece volver a trabajar, porque todo es posible... aunque yo creo que sí me apetecerá, por varias razones:
- Porque me gusta mi trabajo, lo disfruto y creo que se me da bien.
- Porque en mi caso el ambiente de trabajo no es estresante, se trabajan sólo las horas necesarias, y es un sitio donde respetan y cuidan a los empleados.
- Porque como a casi todas las mujeres de mi generación, me han educado (y he estudiado) para salir al mundo a valerme por mí misma, y una vez que he probado cómo es el mundo laboral, puede que no sea capaz de adaptarme del todo a quedarme en casa.
Así que quiero por lo menos intentarlo, volver después de unos meses cuidando a Irene y ver qué tal nos organizamos, si es factible seguir trabajando los dos. Si no funciona, siempre podemos replanteárnoslo, pero lo que no quiero es tomar la decisión de quedarme en casa y luego después de muchos años encontrarme con que me arrepiento de no haberlo intentado.
Y claro que me dará una pena tremenda dejar a la niña tan pequeñita en la guardería... y claro que el día a día será una locura y que acabaremos agotados... pero todo eso tendremos que irlo viendo día a día, y si hay que tomar otra decisión, se tomará en su momento.
También por supuesto está el tema económico... pero de ése hablaremos otro día, que se acabó mi hora de la comida y tengo que volver a trabajar
|