Este fin de semana hemos conocido a Héctor y Carmen, una pareja de alicantinos que han venido también a probar suerte a Dublín; contactaron con nosotros a través de este blog (y gracias a
spaniards.es), y luego nos dimos cuenta de que vivíamos todos en el mismo edificio.
Esto es un complejo de apartamentos bastante grande (laberíntico, por cierto), tan nuevo que todavía lo están rematando, y se está llenando de gente joven y extranjera, el tipo de gente que prefiere vivir en el centro de Dublín. Y por supuesto no somos los únicos españolitos: varias veces nos habíamos cruzado con gente en el portal y nos habían dado ganas de saludar en castellano, hasta que el sábado ya me lancé a hablar con un chico en los ascensores y acerté: justo se estaban mudando su novia y él a uno de los bloques más nuevos, y tenían más amigos españoles viviendo también aquí.
La verdad es que en Dublín, y sobre todo en el centro, el número de españolitos por metro cuadrado debe de ser impresionante; por lo visto somos la segunda comunidad extranjera más importante (después de los polacos y muy, muy por detrás de ellos), y eso se nota al oír a la gente hablando por la calle, o en el cine, o al preguntar a los dependientes en muchas tiendas. Además, no sé si es que siempre nos las apañamos para hacernos notar estemos donde estemos, o que entre nosotros mismos nos distinguimos con más facilidad, pero el caso es que rápidamente vamos desarrollando la habilidad de reconocer a los otros españoles nada más verlos.