Ya llevamos casi un mes de vuelta en casa después de las vacaciones de Navidad, y estamos alucinando con lo bien que se ha adaptado Irene a su nueva rutina: por las mañanas se va para la guarde toda feliz (dando un paseo con Mamá, para variar, al menos ella se libra de ir en coche a diario), según nos cuentan el día lo pasa estupendamente, y luego por la tarde vuelve a casa como una moto, contentísima y llena de energía
Pero lo que más nos sorprende es todo lo que ha espabilado en estas últimas semanas, y lo parlanchina que se ha vuelto: está en esa fase tan graciosa en que repite casi todo lo que dices (a su manera, claro, con su lengua de trapo, pero cada vez le va saliendo mejor), y viene a decirte cosas como una personita mayor, poniendo un tono de voz muy convincente, y tú que la mitad de las veces no consigues descifrar lo que te ha dicho (¿habrá sido en inglés?), le sonríes y contestas lo mejor que puedes...
Total, que como siempre, nos lo estamos pasando bomba viéndola crecer e ir consiguiendo superar sus pequeños retos: empezar a vestirse sola (o intentarlo), lavarse las manos, ponerse una cinta en el pelo, hacer puzzles, subir las escaleras sin ayuda de nadie... cualquiera de esos logros es para ella un mundo, y ¡se la ve tan feliz cuando lo consigue! Aunque claro, a mayores retos también mayores frustraciones, y de vez en cuando nos toca luchar con alguna que otra rabieta, pero en fin, ya pasarán, son cosas de la edad.
Y la edad se va notando, ¡mi niña ya es una niña grande! En las comidas se sienta a la mesa como una más (en su trona o en una silla de mayores con elevador, si estamos fuera de casa) y come de lo mismo que comamos nosotros, la verdad es que hay pocas cosas que no le gusten (así está ella de redondita, con razón

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Otro de los momentos más graciosos del día es la hora de levantarse por la mañana, tenemos dos versiones: los fines de semana, como no hay prisa, Irene se despierta sola y viene a vernos a nuestra habitación, ¡a sacarnos de la cama! Es una gozada escuchar sus pasitos corriendo por el pasillo, y cómo al llegar a la habitación se asoma despacito para ver si estamos dormidos o despiertos... En cambio los días de diario, como hay que levantarse entre las siete y las siete y cuarto, casi siempre toca despertarla, pero normalmente no hay problema: el sistema suele ser jugar con ella un poco a "la hormiguita" (hacerle cosquillas como que es una hormiguita que va subiéndole por el cuerpo), y cuando ya está más o menos espabilada salir de la habitación, para dejar que ella tranquilamente se levante y venga a buscarnos como los otros días