Año nuevo, vida nueva: se acabaron las vacaciones de Navidad y toca volver al cole, los mayores al trabajo y los peques a la guarde. Y estos días además,
¡Irene estrena guarde!
La idea era aprovechar la semanita y pico en España para cambiar un poco de aires, y luego volver directamente a la guarde nueva. El primer día fue el viernes pasado, sólo una horita para ir tomando contacto, y parece que a Irene le gustó bastante el sitio: no protestó en ningún momento, sólo se la veía como extrañada, y aunque estaba un poco tímida y se dedicaba sobre todo a observar, no hubo ningún problema en que yo saliera de la clase un buen rato.
El segundo día, el lunes, se quedó dos horas y le tocó comer allí, pero ya sabéis que Irene no suele tener problema ninguno para comer, y menos si le ponen pasta con queso y tomate, así que mejor imposible. Y el tercer día de adaptación, ayer martes, estuvo allí desde las nueve... en teoría hasta las dos, pero cuando pasé a buscarla resulta que todavía seguía dormida (ningún problema con la siesta tampoco), y tocó esperar un rato más a que se despertara
Hoy yo ya tenía que volver a trabajar, así que para Irene ha sido el primer día de guarde a tiempo completo (desde las ocho menos algo hasta las cinco y algo). Esta mañana cuando la dejé desayunando en la clase parecía otra vez extrañada, como diciendo
¿pero entonces es aquí donde me vas a dejar? Eso sí, protestar no protestó nada, y al parecer el día lo ha pasado muy bien, lo único es que no se ha dormido durante la siesta (pero en casa también hay días que no quiere dormir siesta y acaba no durmiéndola, así que no tiene importancia). Cuando hemos ido a recogerla Fredi y yo estaba jugando tranquilamente, se ha puesto supercontenta al vernos, se ha despedido toda sonriente y ¡hala, hasta mañana!
Eso sí, la pobre estaba agotadita... y yo también, que para eso ha sido mi primer día de vuelta al trabajo, así que corto y cierro, mañana será otro día.