Esta mañana, gracias a las maravillas del mundo moderno, he tenido una reunión de trabajo a las siete de la mañana. Asistentes: servidora desde
Dublín, Irlanda, unas cuantas personas de otra empresa desde
Japón (supongo que
Tokyo pero no estoy segura), y la jefa del proyecto desde
Austin, Texas.
Y charlando con la jefa de proyecto mientras esperábamos a que "llegaran" los japoneses (o sea, que se unieran a la conferencia para empezar la reunión), ella me estuvo dando las gracias por acceder a conectarme tan temprano (claro que para ella era mucho peor, ¡en Texas era la una de la madrugada!), y yo le contesté que no importaba, porque de todas formas yo normalmente me levanto todos los días a las seis de la mañana. Y entonces ella dijo: "ah, así que eres una
morning person..."
¿Una
morning person? ¿Yo?
Me quedé pensando, porque yo en realidad nunca me he considerado una persona madrugadora, más bien creía ser trasnochadora (me encantaba quedarme hasta las tantas leyendo o viendo películas, o charlando...) pero ya desde hace unos años, y sobre todo a partir de que nació Irene, la verdad es que me he resignado a tener madrugar y a estas alturas ya no me cuesta levantarme temprano, a no ser que sea un día especialmente malo por haber descansado mal o algo. Total, que le contesté a esta señora que yo
me había convertido en una morning person a raíz de tener a mi hija, que no distingue entre los días de diario y los fines de semana, y que todos los días está en pie a las siete para poder ir después a la guarde.
Esta división entre
evening people (a los que les cuesta levantarse por la mañana y se sienten más despejados por la tarde, también llamados
owls o búhos) y
morning people (a los que les pasa todo lo contrario, también llamados
larks, o alondras) parece ser que tiene base científica, y puede ser que hasta haya factores genéticos que influyan, pero quizá la clasificación no tenga por qué ser tan estricta... de hecho,
según este artículo, la mayoría de nosotros no somos ni una cosa ni la otra, sino algo intermedio, que aquí llaman
hummingbird, o colibrí.
Así que supongo que para los colibrís, o sea, para los que no somos casos extremos de madrugadores o trasnochadores, nuestro cuerpo se acostumbra a la rutina que le pongamos. Y con la rutina adecuada, casi todos pordemos convertirnos en madrugadores,
como cuenta este artículo de Zen Habits (blog que por cierto me encanta y que os recomiendo muchísimo), donde el autor cuenta cómo le pasó algo parecido a lo mío: después de años y años de levantarse tarde, algo en su vida le obligó a madrugar, y desde entonces se convirtió en madrugador y disfruta muchísimo madrugando. El artículo tiene un montón de consejos para convertirse en
early riser (madrugador), así que si queréis probar, ya sabéis