Éste es otro de los temas sobre los que llevo mucho tiempo queriendo escribir y no encontrando el momento.
Una de las primeras decisiones a las que se enfrenta una futura madre es la de dar o no dar el pecho a su bebé... Cuando iba a nacer Irene yo había decidido intentarlo (al igual que la inmensa mayoría de las madres, al menos las que yo conozco), y me hacía muchísima ilusión, pero no confiaba del todo en que fuera a salir bien, supongo que porque conocía de muchos casos cercanos en los que se había tenido que recurrir al biberón más o menos pronto.
Así que me puse manos a la obra y busqué información sobre la
lactancia materna, lo cual no fue nada difícil porque en estos últimos años se ha puesto "de moda" otra vez, y se está fomentando un montón por parte de las autoridades sanitarias después de décadas de quitarle importancia. Me encontré con que la
Organización Mundial de la Salud recomienda la
lactancia natural exclusiva durante los seis primeros meses de vida, y después ir introduciendo poco a poco otros alimentos pero continuar con la lactancia hasta los dos años, o hasta que la madre y el bebé quieran. También me enteré de que existe una iniciativa llamada
the baby-friendly hospital initiative, en la cual participan varios hospitales irlandeses y entre ellos el
Rotunda, que trata precisamente de promover la lactancia materna durante los primeros días del bebé, nada más nacer.
Pero sin duda lo que más me ayudó durante el tiempo de preparación fue el libro que me prestó Carlota, y por el que siempre le estaré agradecida:
Un regalo para toda la vida, de
Carlos González, lectura recomendadísima para cualquier futura mamá
Y llegó el gran día y nació Irene, y tuve la gran suerte de que las comadronas me ayudaron muchísimo en esos primeros días... la niña tardó un poquillo en agarrarse al pecho, la pobre se quedaba dormida nada más engancharse y comía muy poquito, por lo que perdió algo más de peso de lo normal en los dos primeros días. Las comadronas me aconsejaron darle un poquito de biberón para complementar, pero sólo el primero fue de leche artificial, porque me enseñaron a sacarme
leche (a esas alturas, todavía
calostro) después de cada toma para poder darle de complemento junto con la siguiente.
¡Y funcionó! Eso junto con el apoyo que recibí por parte de mi familia (sobre todo de mi hermana, la voz de la experiencia, ¡gracias!) y todos los consejos de las comadronas y el pediatra, (y mi perseverancia, dirán algunos... pues la verdad es que también), hicieron que en unos días pudiéramos quitar el bibe de complemento y volver sólo al pecho. Irene recuperó el peso perdido y enseguida empezó a engordar normalmente, y durante seis meses siguió tan feliz creciendo y engordando sólo a base de pecho.
Pero en realidad no sé quién lo disfrutó más, si ella o yo, porque lo que dicen de que es una sensación maravillosa para la madre es totalmente cierto
(Nota: también es cierto que es cansado, sobre todo al principio porque las tomas son muy frecuentes y tienes que estar disponible a cualquier hora, pero os puedo asegurar que la satisfacción que conlleva lo compensa con creces)
Cuando Irene cumplió los seis meses empezamos una nueva etapa: fuimos introduciendo poco a poco otros alimentos: papillas de fruta, de verdura... pero el pecho seguía siendo una constante en la mayoría de las tomas. Luego llegó el momento de empezar la guardería, aunque para entonces ella ya tenía ocho meses (otra cosa que tengo que agradecer, esta vez al estado irlandés, por permitir bajas maternales tan largas) y este tema ya no suponía un problema: lo que hicimos fue concentrar las tomas de pecho en tres, mañana, merienda y cena, y dejamos para el resto del día las comidas "sólidas".
Y desde entonces ha pasado casi otro año más (¡parece mentira!), y por el camino se fueron quedando también las tomas de la merienda y la cena, ya sólo quedaba la de por la mañana al despertarse. Y esta mañana, por primera vez, Irene no se ha acordado del pecho ni yo se lo he recordado, y las dos hemos seguido adelante como si tal cosa... Hoy Irene ha dado otro pasito más hacia su independencia, el día de su diecinueve
cumplemeses.
Y yo sé que lo voy a echar mucho de menos (ya lo estoy echando de menos, de hecho), pero se me pasará, y estoy muy contenta de ver que mi hija es una niña sana y feliz, y me gusta pensar que el haberle dado el pecho ha contribuido, aunque sólo sea un poquito, a esa salud y a esa felicidad.