Buf, otra semana más, qué rápido se me están pasando las vacaciones...
Desde el martes estamos Irene y yo en Cáceres, y para variar no hemos parado ni cinco minutos. Nos hemos dado unos buenos paseos por la ciudad, ¡¡¡y nos ha llovido!!! Parece ser que nos vamos trayendo el clima dublinés por donde quiera que vamos
Pero no importa, lo hemos disfrutado un montón. El mismo martes al rato de llegar ya salimos a la calle para ir a ver a Lucía, una amiga a la que no veía desde hace más de un año y que se moría de ganas por conocer a Irene... y desde entones todo han sido buenos ratos con familia y amigos. Además, lo bueno de Cáceres, como pasa con todas las ciudades pequeñas, es que puedes llamar a alguien y quedar para un ratito después, cosa que es impensable en Madrid (y normalmente en Dublín también, aunque no siempre, ¿verdad, Carlota?), así que hemos aprovechado muchísimo el tiempo.
Total, que cuando nos quisimos dar cuenta ya era viernes y venía Fredi, que no pudo llegar hasta la noche después de tragarse el pobre más esperas en el aeropuerto, y luego unos cuantos atascos en compañía de Merche y Nacho. Cenamos con mis padres y luego nos fuimos a casa de Raq para la
preboda...
Raq, nuestra amiga Raquel, se casaba con Torsten, un chico alemán, y la preboda consistía en la "rotura de platos", una tradición alemana de la que no habíamos oído hablar nunca... pero resulta que llegamos tarde y nos la perdimos: cuando llegamos la familia ya había roto casi una vajilla entera contra la pared del jardín (cuantos más añicos mejor, nos dijeron, para desearles felicidad), y sólo llegamos a ver cómo los novios recogían los trocitos con dos escobas; al parecer si lo hacían juntos y quedaba todo bien limpio, serían muy felices
Y ésta fue sólo la primera de muchas sorpresas. Al día siguiente la boda fue en la finca
El Vaqueril, y fue una pena porque lo tenían todo preparado para celebrarla al aire libre pero había llovido tanto (y seguía amenazando lluvia) que tuvieron que cambiarlo para celebrarla en el interior... fue una ceremonia muy bonita, bilingüe (con intérprete incluida), seguida de unas cuantas tradiciones alemanas más (los novios serraron juntos un tronco, se les hizo una ofrenda de pan y sal como símbolos de felicidad, trabajo y alegría, y un par de cosas más que no llegué a ver bien), y después el cóctel y la cena estaban buenísimos, a cargo del
catering San Jorge. Lo curioso de la cena fue que nos habían puesto mezclados en las mesas, alemanes y españoles, y con diccionarios para que nos entendiéramos; por suerte en nuestra mesa estaban la intérprete y su novio, que hablaban tanto alemán como español, y nos salvaron a los demás, que si no...
Al final de la cena Irene decidió que ya estaba un poco harta y que no le apetecía dormir en el cochecito, así que tuvimos que retirarnos a la habitación (habíamos pedido habitación allí porque está un poco alejado de Cáceres, como a una horita), y después de dejarla cenada y acostada nos fuimos turnando Fredi y yo para volver a la boda... nos perdimos el baile y unas cuantas sorpresas más, pero al menos pudimos rascar otros cuantos buenos ratos con los amigos, que algunos hacía ¡años! que no los veíamos.
Y esta mañana nos hemos vuelto para comer con la familia, ¡ya va creciendo el número de niños! Mis sobrinos mayores están encantados con Irene, y mi sobrina pequeña, Isabel, que pronto cumplirá dos años, todavía no lo tiene muy claro, se le queda mirando muy interesada, pero luego sigue a lo suyo.
En fin, mañana otra vez en carretera... nos vamos a Madrid, Fredi se vuelve por la tarde a Dublín y nosotras al día siguiente marchamos para León, ya os contaré el próximo episodio desde allí, ¡hasta pronto!