Una vez más, se me ha pasado una semana y pico sin escribir post, así que allá voy... El resumen es más o menos el de siempre: mucho trabajo en la oficina, un par de horas con las niñas al llegar a casa (están las dos preciosas y graciosísimas, por cierto), y luego lucha contra el caos desde que se van a dormir ellas hasta que nos vamos nosotros.
La lucha contra el caos va progresando poco a poco, aunque muy despacio, y tengo que reconocer que eso me desespera a veces. Ya tengo más o menos una rutina para por la mañana y otra para por la noche, y el estrés por la mañana se ha reducido bastante, sobre todo desde que dejo la ropa de las tres preparada desde la noche anterior; para cuando las niñas se levantan, yo ya estoy preparada y desayunada (casi siempre), y eso ayuda un montón a que consigamos salir pronto de casa.
Así que, en vista de que el sisema está funcionando tan bien de lunes a viernes, estoy intentando extenderlo también a los fines de semana, es decir, seguir levantándome a la misma hora de siempre (las seis), para estar ya duchada, vestida y desayunada para cuando las niñas se despierten. Ya lo estuve haciendo por un tiempo hace años, antes de que naciera Irene (solo que en aquella época era a las cinco y media), y la verdad es que era una gozada, una vez que el cuerpo se acostumbra, ya no necesitas despertador y no cuesta levantarse, y luego el día cunde una barbaridad.
Pero claro, para poder mantener ese ritmo primero hay que conseguir acostarse a una hora decente, para dormir lo suficiente... y eso es de lo que más me cuesta, me ha costado siempre. Veremos a ver qué tal sale el experimento