Buf, qué atrasada voy contando las vacaciones... es que se me pasan los días volando, y es curioso porque de acá para allá con las niñas no paro en todo el día, pero si me preguntan qué es lo que he estado haciendo no se me ocurre nada en concreto
En fin, vamos con la siguiente etapa del viaje: después de tres semanitas en El Casar, nos fuimos a seguir pasando calor a Madrid; llegamos el domingo día 6, nos llevaron tito Javi y tita Fátima en su monovolumen (que Irene se empeñaba en que era un autobús, de tan grande que lo veía

), y esa misma tarde aterrizó Fredi en Barajas, ¡ya estaba la familia reunida otra vez! Esa noche cenamos en casa con los amigos, telepizza y risas como en los viejos tiempos (se os echó de menos, Kwin y Lo), pero me da que ha sido la última cena así para mucho tiempo, en cierto modo el fin de una era, porque cuando vengamos la próxima vez ya no seremos los únicos en tener peques y habrá que organizarse de alguna otra forma...
Durante la semana estuvimos bastante tranquilos, haciendo algunos recados (dentista, qué le vamos a hacer), dando paseítos y haciendo el obligado recorrido por VIPS, Gino´s y demás, menos el martes que como era fiesta en Extremadura vino mi hermana Cristina con toda la tropa, y aprovechamos para quedar con mi hermano Ángel y Mercedes para pasar el día. El jueves por la tarde conocimos a Ana, la niña de otros amigos, Araceli y Juan, y a su futuro hermanito/a (si es que estamos en pleno
baby boom 
), y Ana e Irene se lo pasaron en grande jugando con los cubos y los rastrillos en la tierra... de hecho Irene llegaba casi todas las noches a casa con los pies sucios, porque todos los parques de columpios a donde íbamos tenían el suelo de arena.
Y a partir del viernes... ¡fiesta! Otra vez vinieron Cristina y Adrián con los primos Isabel y Pablo, y además la tita Mamen (
Super Tita Mamen, debería decir). Los cuatro primos se lo pasan bomba juntos, hagan lo que hagan, y digo los cuatro porque Alicia disfruta tanto como los tres mayores, y tanto a Pablo como a Isabel les encanta Alicia y la miman un montón. El sábado además se les unió otra prima: Adriana, la niña de mi primo Borja, que acababa de cumplir dos añitos; su abuela le preparó una fiesta por todo lo alto para celebrarlo con nosotros, con piñata y ¡una tarta de gominolas! Los primos hicieron muy buenas migas y jugaron toda la tarde, y los mayores también lo pasamos fenomenal, después de tanto tiempo sin vernos, ¡gracias Tita Cristy!
El domingo por la mañana vinieron Nati y los primos Ángel y Alberto a vernos un rato, luego nos fuimos en tropa a comer al VIPS (para variar), y después de la comida tuvimos que quedarnos en la tienda haciendo tiempo porque ¡estaba lloviendo en la calle! Increíble. Luego ya por la tarde ya se marcharon todos y volvimos a quedarnos solos nosotros cuatro, básicamente haciendo maletas para viajar al día siguiente, aunque algún huequito quedó para despedirnos de unos amigos. El lunes alquilamos un coche y lo llenamos hasta los topes (pero hasta los topes, literalmente) para irnos a León. Y ahí ya dejamos de pasar calor ¡y casi empezamos a pasar frío! Los últimos dos días en Madrid ya había empezado a refrescar un poco y se estaba de maravilla, pero en León era otra historia, yo ya directamente di el verano por perdido y saqué la cazadora.
Al día siguiente, el martes 15, Fredi se volvió con el coche a Barajas y embarcó de vuelta a Dublín, de donde volverá otra vez en dos semanas, ¡hasta pronto, papi! Nosotras nos quedamos en León estrenando ropa de otoño... pero eso ya os lo contaré en el próximo episodio.