El día dos de febrero significa varias cosas para mí: es
el Día de La Marmota,
el Día de Las Candelas, el cumpleaños de Luci… (sí, Luci, me sigo acordando aunque luego se me vaya el santo al cielo y nunca te felicite, ¡felicidades!

)
También resulta que es el aniversario de la fundación de mi empresa: hace tres años, cuando acababa de empezar a trabajar aquí, tal día como hoy nos regalaron una chocolatina a cada empleado, un detalle tonto pero que me hizo mucha ilusión. Este año la empresa cumple su 25 aniversario, y nos van a invitar a todos a comer; supongo que en otras circunstancias lo habrían celebrado por todo lo alto, pero con la crisis y demás no es cuestión de tirar la casa por la ventana…
Pero hoy para mí el día dos de febrero ha adquirido otro recuerdo más: el día que Dublín amaneció nevado. Me ha hecho mucha ilusión porque no me lo esperaba, y eso que el pronóstico del tiempo anunciaba mucho mucho frío, pero no se me había ocurrido que eso podía también significar nieve. Esta mañana hemos ido Irene y yo a la guarde locas de contento, admirando lo blanco y lo bonito que estaba todo. Y luego antes de irme a trabajar, mientras estaba quitando la nieve blandita y esponjosa del parabrisas del coche, ¡ha empezado a nevar otra vez!
Aún ahora sigue nevando a ratos, y cuando miro afuera por la ventana se ve todo precioso… en fin, otro dos de febrero para recordar