Hace un par de años
Fredi os contaba la cuna que habíamos elegido para Irene, muy chula y muy versátil, como podéis ver
aquí.
Lo mejor que tiene es que se puede ir "transformando" al ritmo que crece el bebé: primero es una cuna pequeñita ovalada, luego se le cambian un par de piezas por aquí, se añaden otras por allá y te queda otra cuna ovalada pero más grande, para usar a partir de los cinco o seis meses.
Pero claro, los niños crecen (¡y a qué ritmo!), de pronto dejan de ser bebés y reclaman su independencia... como el poder bajarse de la cuna ellos solitos. Y aquí es donde llega la siguiente metamorfosis de nuestra cuna "transformers": se quitan las ruedas y uno de los laterales y... ¡tachán! Tenemos una camita-cuna
Anoche le montamos a Irene su camita-cuna (en preparación de la camita-camita que hemos encargado para ella y que llegará en un par de semanas), y la verdad es que a la tía le encantó nada más verla: lo primero que hizo fue correr a subirse, por supuesto, para tres segundos después bajarse a buscar un libro y llevárselo a la cuna, y luego otro, y otro... me da que a ella también le va a gustar lo de tumbarse a leer en la cama, como a sus papis.
Luego, a la hora de dormir, la sentamos en la camita-cuna para leer un cuento y ella estaba encantada, dando botecitos en el colchón. Después a la hora de la verdad le costó un poquito dormirse, tan contenta que estaba por la novedad de poder bajar y subir cuando quisiera, pero después de unas treinta o cuarenta veces ya se cansó y se tumbó a dormir definitivamente
Un pequeño gran paso para nuestra niña... cada día más independiente.