Bueeeno, pues no se había acabado la historia de los ojitos de Irene: acabamos el capítulo de la celulitis periorbital y empezamos el de la conjuntivitis.
Ayer por la tarde, al recogerla de la guardería, noté que tenía los ojos un poco colorados, y eso era muy raro porque el día anterior ya habían estado completamente normales, así que la volví a llevar al GP. Resultado: cambio de medicación (más antibióticos, pero esta vez sólo en gotas) y un papelito firmado para mi empresa diciendo que me tengo que quedar a cuidar a mi hija hasta el fin de semana. Menos mal que mi jefe es un sol y que estas cosas no sólo no le sientan mal sino que todo son facilidades
En fin, esta es la vida de la mamá trabajadora. Por cierto, Irene está como una rosa, tan feliz, lo único es que veremos a ver cómo hacemos para que no se aburra estos cuatro días en casa...