Pues resulta que de las minivacaciones en Irlanda del Norte sólo os había contado la mitad (días
uno y
dos); con un poco de retraso pero aquí van las fotos de los dos últimos días:
El sábado amanecimos en
Derry (o Londonderry, según si estás hablando con un irlandés "republicano" o uno "loyalista", o sea, británico), que es la segunda ciudad en importancia de Irlanda del Norte. La noche anterior sólo habíamos visto un poquillo del recinto amurallado, en busca de un sitio para cenar (y por cierto, acabamos cenando "de tapas" en el sitio más extraño que os podáis imaginar), con la idea de a la mañana siguiente dar un buen paseo y conocerlo bien... pero ante la lluvia persistente que caía decidimos cambiar de opinión, montarnos en el coche e irnos derechitos al castillo de Dunluce.
Este castillo (
Dunluce Castle) es una fortaleza medieval enclavada en la roca de un acantilado, que nos pareció impresionante a pesar de estar en ruinas. Impresionantes también, y preciosas, eran las vistas desde el castillo, y no menos impresionante fue el chaparrón que nos cayó mientras estábamos visitándolo, menuda carrera nos tuvimos que dar para resguardarnos
Después de Dunluce nos fuimos a otro sitio también precioso pero mucho menos conocido: el
Mussenden Temple & Downhill house. Es un templete circular situado al borde mismo de un acantilado; lo mandó construir un noble (que además era obispo de Derry) en el siglo XVIII, junto con un palacete muy cerca de allí.
Se notaba que tanto el templete como el palacete fueron grandiosos en su tiempo; hoy en día el palacete está casi totalmente en ruinas, pero el templete se conserva, aunque sin ninguna decoración en su interior. Aquí tenéis a Irene disfrutando de las vistas al mar:
Al caer la noche nos fuimos para
Enniskillen, donde dormimos, y el domingo nuestra idea era coger un ferry por el
lago Erne hasta la isla de
Devenish (
Devenish Island, en la versión inglesa vienen unas fotos muy chulas). Es una islita donde se encuentran los restos de una antigua abadía medieval. Pero una vez más los horarios turísticos irlandeses nos la jugaron: llegamos a coger el ferry como a las once de la mañana y resultó que sólo había uno al día y que no zarpaba hasta las dos o así... no quisimos esperar, nos conformamos con sacar una foto desde la orilla:
Ya de vuelta a casa, paramos por el camino a conocer
Newgrange, que lo teníamos pendiente desde aquel
intento fallido del año pasado. Esta vez cumplimos con la norma y nos dirigimos como niños buenos al centro de visitantes, desde donde nos montaron en un autobusito para llevarnos a ver el monumento propiamente dicho.
Y la verdad es que nos gustó, acabamos el viaje con buen sabor de boca... y con esto y un bizcocho damos por terminada la serie de mini-vacaciones de este año