De este fin de semana no tengo nada que contar porque ha sido un asquito: todo lluvia y viento (y eso que en teoría ya estamos en verano), pero como tenía pendiente contar cosas de la semana pasada, pues ahí van...
El viernes pasado fue un día cortito en la oficina: para celebrar la llegada del verano, se habían organizado unas cuantas actividades deportivo-sociales para todos los del departamento que quisieran participar. Las opciones eran:
- Ir a jugar al golf por equipos, o bien
- Hacer una mini ruta de senderismo, y luego por la noche
- Ir al canódromo a cenar/beber/apostar/etc.
A mí como lo del golf no se me da nada bien (o más bien no sé como se me da, porque no he jugado en la vida, pero dada mi gran habilidad para los deportes en general... prefiero dejarlo), me apunté corriendo a lo de la ruta de senderismo (
hillwalking lo llamaban, literalmente, pasearse por una colina). Luego me enteré de que al golf no se había apuntado ni una sola chica, estábamos todas apuntadas al
hillwalking
A mí además me apetecía un montón lo del senderismo, porque entre unas cosas y otras hacía ya unos cuantos años que no salía a andar por el monte... en mis tiempos en Cáceres me apuntaba con mi amiga Ame a las excursiones de la
vocalía de montañismo del club Cabezarrubia, que organizaba el incombustible Orencio, casi siempre por la
sierra de Gredos. Yo no estaba muy entrenada y para mí eran casi siempre una paliza (empezando porque nos levantábamos a las cinco de la mañana para coger el autobús...), pero lo pasábamos genial y a mí me encantaba. Luego me fui a vivir a Madrid y nunca pude sacar tiempo para nada parecido, ni tampoco al llegar a Dublín.
Por eso la salida del viernes me hacía tanta ilusión: la marcha la organizaba mi compañero
Joe, que es un fenómeno de la
mountain bike el tío, y se conoce muy bien la zona de las
Wicklow mountains adonde íbamos. Y para allá que fuimos, en varios coches, y una vez que estuvimos todos juntos nos pusimos a caminar.
La ruta era más o menos ésta, ¡y empezaba cuesta arriba! Como siempre en estas marchas, la gracia es subir a algún lugar bonito y luego bajar... y claro, si yo hace años ya me consideraba poco entrenada, imaginadme ahora, ¡completamente oxidada! La primera subida fue un buen susto para mis piernas, a las pobres les costaba seguir el ritmo, pero en seguida el paso se normalizó y empecé a disfrutar un montón del paseo. Subimos a la "montaña" de
Maulin (a cualquier cosa lo llaman montaña, 570 metros de altura), desde donde había unas vistas bien chulas, aquí tenéis el
Sugar Loaf con el mar al fondo:
Luego estuvimos bajando un ratito y cuando la gente ya se había confiado, ¡hala, a subir otra vez! Nos metimos por un bosque y fuimos a salir a una ladera con más vistas chulas:
La foto no parece gran cosa pero cuando estás allí la caída impresiona... sobre todo cuando te dicen que un compañero tuyo se pasea por esas laderas ¡en bici!
Ya para terminar, seguimos la marcha por el bosque y bajamos hasta un claro donde nos encontramos con la
cascada de Powerscourt, muy chula también, pero ya en un lugar más turístico (se puede llegar en coche y hay merenderos y demás)
Y ahí fue cuando empezó a chispear (al fin y al cabo esto es Irlanda), pero ya no importaba porque estábamos llegando a donde estaban los coches y ya nos íbamos para casa.
El paseo estuvo fenomenal, a mí se me hizo hasta un poco corto, y eso que tardamos más de lo que se había planeado en un principio (básicamente porque los de delante tenían que pararse a cada rato a esperanos a los rezagados

). Luego mis compañeros se fueron a terminar el día en el canódromo pero yo ya había dicho que mejor no, que una vez que entrara en casa y me sentara ya no iba a haber quien me levantara