(Post atrasado, para variar)
Bueno, pues
el año pasado se casaron Los Rubios y este año les ha tocado a
Los Morenos, ¡enhorabuena
Kwin y Lo!
Para nosotros tres fue un fin de semana estupendo: llegamos el jueves por la noche a Madrid, y el viernes anduvimos de ruta por Extremadura: en Navalmoral de la Mata vimos a los primitos Isabel y Pablo (¡cómo han crecido los dos!)) y sus papis, luego en
Cáceres a casi todo el resto de la familia, y finalmente nos fuimos a
Trujillo para pasar allí la noche. Los novios se pasaron un ratito a vernos al hotel, y nos hizo mucha ilu
El sábado nos levantamos tempranito (ya sabéis que Irene no perdona) pero no os creáis que nos sobró mucho tiempo, porque la boda era a las doce y entre desayunar, arreglarnos los tres y demás enredos al final acabamos llegando a la iglesia con el tiempo justito... a decir verdad no sé cómo nos las apañamos para llegar a tiempo, sobre todo teniendo en cuenta lo fácil (ejem) que es aparcar en Trujillo, pero el caso es que llegamos, y allí nos encontramos con el resto de los amigos, ¡qué guapos estaban todos!
¡Y qué guapos y qué felices estaban los novios! Después de la ceremonia volvimos al hotel para la comida, que estaba bien rica, y ahí fue donde Irene empezó a pasárselo bomba de verdad: para empezar nos habían puesto en la misma mesa que a su amiguita
Daniela y sus papis, y además en la boda había muchos niños más, y un montón de titos y titas (los amigos de papá y mamá) que no paraban de jugar con ella y hacerle monerías, ¿qué más se puede pedir?
Ahora, que nosotros también nos lo pasamos bomba, que conste: además de poder charlar con compañeros de la universidad que no veíamos desde hace años, nos hizo mucha ilusión el reencuentro con los amigos de siempre, el poder estar de cháchara como en los viejos tiempos... aunque bueno, igual los temas de conversación han cambiado un poco, últimamente los dos principales son quién será el próximo en casarse y quién tendrá el próximo niño
Y después de la comida llegó el baile, momento que algunos estábamos esperando porque sabíamos que había una sorpresita para los novios: Jon y Cris (
Los Rubios) les habían preparado un montaje chulísimo con fotos antiguas... fue un momento inolvidable, yo creo que a casi todos se nos escapó alguna lagrimilla, snif...
Pero todo lo bueno se acaba, y a mitad del baile Irene estaba ya que no podía con su alma (la tía seguía queriendo bailar pero ya casi ni se tenía en pie), y tuvimos que subir a la habitación a bañarla, darle la cena y acostarla. Después lo que hicimos fue turnarnos para bajar a cenar con los amigos en la cafetería del hotel, y de ahí un rato más de charla y a la camita nosotros también, mientras el resto de la boda se iba de juerga por ahí.
El domingo nos levantamos (como no, tempranito) y desayunamos todos juntos antes de irnos para Navalmoral, donde habíamos quedado con mi familia para comer, y de ahí a Madrid para pasar la noche y salir el lunes para Dublín. Irene se portó bastante bien en el viaje de vuelta, igual que en el de ida, pero no durmió naaada de nada ni en el uno ni en el otro... me parece a mí que eso de la siestecita en el avión ya es historia... ¡para los tres!