Anda, que no se puede quejar...
- La primera fue
el mismo día de su cumpleaños, en Cáceres. Sus primos le prepararon una fiesta por todo lo alto, como podéis ver, pasamos una tarde muy divertida: se lo pasaron bomba jugando con los globos, ¡y la tarta de chocolate de Ana y Blanca estaba buenísima!
- La segunda fue el día de Navidad, en León, que celebramos doble cumpleaños: el de Irene y el de la bisabuela Lucila, que también es del mes de diciembre. Cada una tenía su tarta con sus velas (la de Irene era un número 1 y las de la bisabuela ¡un 94!), y también cada una tuvo su
cuelga, un regalo especial de la tita Sara... para quien no sepa qué es una cuelga (yo tampoco lo sabía), es un regalo de cumpleaños tradicional (
según esto, típico de la zona de León), que consiste en adornar una cuerda con dulces y regalitos, y ponérsela al cuello al cumpleañero o cumpleañera. A Irene esta vez le pilló un poco de sorpresa lo de la cuelga, y no parece que le entusiasmara demasiado, pero para el año que viene que ya se de cuenta de que lleva golosinas seguro que le gusta mucho más
- Y la tercera fiesta, cómo no, fue en Dublín, el domingo pasado. Esta vez no hubo velas (porque total, para el caso que les había hecho en las otras dos fiestas...) pero sí que hubo dulces, muchos (y bien ricos), los que trajeron todos los amigos que vinieron a comer y a merendar con nosotros. Irene disfrutó un montón jugando con su amiguita Sofía (se echó de menos a Jimena, pero por esta vez no pudo ser), y con esto ya se acabaron las celebraciones del cumple por este año... no está mal, ¿verdad?