Una de las cosas que recuerdo con más cariño de mis visitas a Madrid cuando era pequeña son las tardes que me pasaba jugando al
Tente con mi primo Borja; a mí me encantaba el Tente pero no tenía en casa, así que aprovechaba para "gorronear" del suyo: nos lo pasábamos como los indios los dos construyendo castillos y coches para meter sus soldaditos de plástico.
Luego cuando crecí quise comprarme mi propio Tente, pero resultó que ya no existía... bueno, existían
un par de modelos de barcos que mis amigos me regalaron con toda la buena intención, pero ya no se podía conseguir el juego de construcciones normales, que era lo chulo
Lo más parecido que hay ahora es
Lego, que hay que reconocer que está bastante bien (aunque sigo encabezonada en que preferiría el Tente). A los sobrinos les hemos regalado unas cuantas cajitas ya, y en tienda se pueden ver en exposición figuras muy chulas hechas con Lego (Harry Potter a tamaño natural, Darth Vader, etc.), pero la afición no nos llega a tanto como para comprarnos Legos para nosotros... aunque eso sí, nos estamos planteando seriamente hacer una visita a
Legoland algún día.
Por cierto, esto me recuerda que una vez vi una web donde se representaban escenas de la Biblia con figuritas de Lego, está muy curiosa:
The Brick Testament.
Con todo esto lo que quiero decir es que siempre he tenido debilidad por los juegos de construcciones de este tipo. Fredi y yo ya lo habíamos hablado: nos parece muy educativo y nos gustaría que nuestros hijos se aficionaran a ello, y este fin de semana hemos dado el primer paso: los abuelos le han regalado a Irene una caja de
MegaBloks, que son bloques de construcción adaptados a su edad, bien grandes, y le han encantado (ya los había probado un poco en casa de su amiguita
Jimena). Además, es uno de esos juguetes con los que los padres acaban jugando tanto o más que los hijos: nosotros nos dedicamos a montar estructuras y luego Irene se lo pasa en grande destrozándolas
Hace ilusión volver a ser niño durante un ratito de vez en cuando.