Este fin de semana ha venido a visitarnos la tita Mamen, y como ella ya Dublín lo tiene bastante visto, en lugar de ir al centro el sábado nos fuimos a hacer otro poquito de turismo por Irlanda.
Esta vez cogimos la
controvertida carretera nacional N3 y nos fuimos a conocer la
colina de Tara (
Hill of Tara), un antiguo centro espiritual que se remonta a la época celta, y el lugar donde tenía lugar en la antigüedad la coronación de los grandes reyes de Irlanda:
Dicen que en días claros se puede llegar a ver desde lo alto de esta colina casi la cuarta parte de la superficie de la isla. A nosotros nos tocó un día neblinoso, típico irlandés, que no nos dejó ver mucho paisaje pero a cambio nos proporcionó el ambiente místico perfecto: resultaba muy fácil imaginarse por allí a los druidas antiguos recitando conjuros... y la vecina iglesia y cementerio anexo nos parecieron el escenario ideal para una película de miedo:
Esta iglesia, por cierto, está ahora reconvertida en el centro de visitantes, pero nosotros para variar la pillamos cerrada (igual es que sólo abre en verano). Y como ya no había mucho más que ver por allí, seguimos ruta hacia
el castillo de Trim (
Trim castle), el mayor castillo de Irlanda, de arquitectura normanda, del que se conservan bastante bien la torre del homenaje y parte de las murallas:
A la torre del homenaje se puede entrar en visita guiada, pero nosotros no entramos porque nos avisaron de que hay unos trescientos y pico escalones que subir y no teníamos muy claro de que se pudiera hacer muy bien con Irene en brazos (de llevarla en la sillita ya ni hablamos), así que nos dedicamos a pasear por los exteriores, que estaba bastante chulo también.
Por lo visto en este castillo se rodaron unas cuantas escenas de la película
Braveheart (
más info en inglés), y otras cuantas escenas más se rodaron en la cercana
abadía de Bective (
Bective abbey), que es también de la misma época que el castillo (siglo XII), y allá que nos fuimos a conocer la abadía...
Nos costó un montón encontrarla porque en los mapas viene, pero en la carretera no está señalizada, y cuando al fin conseguimos localizarla (después de pasar un par de veces por delante sin verla), resultó que no estaba abierta al público... bueno, en realidad en ningún sitio decía que estuviera cerrado, simplemente no había ni un alma, y la verja de fuera tenía un candado puesto, y no había manera de entrar con el coche ni aparcar por allí cerca. Pero la verja tenía una portezuela abierta y mi hermana y yo aprovechamos para colarnos y acercarnos un poco más... aunque no pudimos más que llegar hasta los muros de la abadía porque ahí había otra verja con otro candado y esta vez sí que no había manera de entrar. En fin, nos hicimos un par de fotos y volvimos para el coche, otra vez será.
Y lo peor de todo es que un rato antes habíamos estado en la oficina de turismo de Trim preguntando cómo llegar a la abadía, y la señora no nos había dicho nada de que no se pudiera ir en esta época del año; es más, en la revistilla promocional del
condado de Meath que nos dieron ponía que era entrada libre y estaba abierta todo el año. En fin, turismo en Irlanda, lleno de sorpresas.
Ya de vuelta a Dublín, paramos a merendar y a hacer unas compritas en el
Blanchardstown Shopping Centre, donde por cierto, ¡horror, ya es Navidad!, y de ahí a casita. En resumen, un día muy aprovechado, lo pasamos fenomenal
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