Hoy lo he visto escrito en el periódico y he pensado: ¡anda, es verdad! Si cuando a mí lo me explicaron en clase de inglés se escribía así: Hallowe'en.
Hoy es la víspera de Todos los Santos, y aquí en Irlanda, como país anglosajón que es (pero por Dios, que no te oigan ellos llamarlos anglosajones), se celebra Halloween. Por tercer año consecutivo, tengo sentimientos encontrados con respecto a esta noche: por un lado me parece una americanada bestial (y de hecho lo es), pero por otro es una excusa como otra cualquiera para disfrutar de una noche especial, para hacer una fiesta, para poner un poco de luz y color a esta oscuridad invernal que se nos viene encima.
Recuerdo que en nuestro primer año en este país vivimos con mucha ilusión esta noche: compramos caramelos para los niños de los vecinos (para los cuatro valientes que se atrevieron a llamar a la puerta de nuestra casa  ), y luego salimos a dar una vuelta por el barrio para ver las hogueras y los fuegos artificiales; el segundo año ya no vivíamos en un barrio típico irlandés, sino en el centro, y no vimos prácticamente nada, ni niños ni hogueras, sólo unos pocos fuegos artificiales a lo lejos.
Y este año... este año ha sido un desastre: no se nos había ocurrido preparar disfraz para Irene (también es verdad que nos avisaron ayer por la tarde, con el tiempo "un pelín" justo), así que a falta de algo mejor hoy ha ido a la guarde con la camiseta de la selección irlandesa de rugby (en realidad muy pocos bebés han ido disfrazados), y al llegar a casa por la tarde me he dado cuenta de que ¡no teníamos caramelos! Ni caramelos ni cacahuetes ni nada de nada... Menos mal que al final no ha venido ningún niño, que hubiera tenido que darles un puñado de pistachos del Lidl, ¡qué vergüenza!
Pero en fin, como os digo, lo importante es tener una excusa para hacer algo especial, aquí hoy son los disfraces, las hogueras y las calabazas y en España estos días se sale al campo a asar castañas, bajo distintos nombres según la región: gaztañarre en el País Vasco, castanyada en Cataluña (mira que tener el enlace sólo en catalán...), magosta en Cantabria, magosto en Galicia, maguestu en Asturias (sorry, no link), o simplemente como hemos dicho en Cáceres toda la vida, el día de las castañas (aunque dice la Wikipedia que en Extremadura se le llama chiquitía, chaquetía, calvochá o magosto... yo de todo eso ni idea).
Ay, el día de las castañas, qué recuerdos de juventud...
P.D.- Yo de vosotros no intentaría lo de salir al campo a asar castañas aquí en Irlanda, por desgracia ni el clima ni las castañas acompañan
ACTUALIZACIÓN: Gracias a Txema ya tenemos wikiartículo sobre la castañada en español
Creo que estamos todos de acuerdo en que históricamente estamos viviendo un momento de incertidumbre económica, a nivel mundial según muchos expertos, pero también a nivel nacional, y esto se aplica tanto para España como para Irlanda.
Aquí en Irlanda, por ejemplo, el gobierno ya está alertando de que el sistema público de pensiones no va a aguantar como para pagar la jubilación a todos los que estamos trabajando actualmente... esto ya lo sabían desde hace bastante tiempo, y de hecho llevan años aconsejando a los ciudadanos que se hagan su propio plan de pensiones privado, pero ahora que el problema es realmente evidente están poniendo mucho más énfasis todavía.
Las empresas, por supuesto, también lo saben, y la mayoría cuentan con un plan de pensiones en su paquete de beneficios sociales; en la mía, por ejemplo, estamos obligados a contribuir a la pensión con un 5% de nuestra nómina (lo cual a muchos les parecerá una burrada), pero a cambio la empresa contribuye con otro 7% del sueldo a la pensión de todos los empleados. En otros sitios lo que hacen es que el empleado puede contribuir o no, en más o menos cantidad, y la empresa responde con otro tanto. A mí me parece que todas esas medidas están muy bien, porque ya se sabe que esto de prever para el futuro es una de las cosas que siempre andamos dejando "para mañana"... hasta que de repente un día el mañana nos pilla desprevenidos.
Pero parece ser que todavía existe otro problema, y es que por mucho que la empresa nos ponga un plan de pensiones y "nos obligue" a guardar para mañana, resulta que luego la mayoría de nosotros no nos preocupamos de mirar adónde se está yendo el dinero: qué tipo de inversión es, si es más o menos segura, etc. Por eso mi empresa decidió traer a un economista para que nos diera una charla sobre o importante que es planificar para el futuro. Pero no a un economista cualquiera: nos ha traído nada más y nada menos que al señor David McWilliams.
David McWilliams, como bien dice la Wikipedia, es un economista y comunicador irlandés muy conocido. Yo había leído unos cuantos de sus artículos semanales en el Irish Independent (si llegas pronto a la oficina te puedes llevar el periódico gratis), y había visto las dos miniseries de televisión basadas en sus libros, The Pope´s Children el año pasado y The Generation Game hace unas cuantas semanas; en general me gusta mucho cómo explica las cosas, consigue hacer entender los fenómenos económicos de una forma entretenida y sencilla. Y a Fredi, que anda mucho más metido que yo en estos temas, le gusta también un montón, qué pena que se haya perdido la charla de hoy...
Yo la verdad es que estaba ilusionada con la charla de hoy, porque estaba segura de que iba a ser muy interesante, pero no me esperaba que fuera a ser tan divertida. Nada de powerpoints ni de cifras macroeconómicas: el tío se ha pasado tres cuartos de hora contándonos anécdotas, historias que reflejan la sociedad tal y como es ahora mismo (en concreto la irlandesa pero muuuchas cosas se pueden aplicar a la española), para hacernos ver que no nos podemos dormir en los laureles, que tenemos que mirar un poquito más allá y preocuparnos un poco por asegurar nuestro futuro, porque nadie lo va a hacer por nosotros.
Muy interesante, sí señor.
Bueno, pues aquí va un resumen de nuestra miniexcursión de fin de semana: estuvimos en el condado de Kerry, en el extremo sudoeste de Irlanda.
El objetivo del viaje era por un lado desconectar un par de días de la rutina diaria, y por otro comprobar si se pueden hacer viajes más o menos largos con Irene y aprovechar para hacer un poquito de turismo.... con esa idea nos pusimos en camino el viernes por la tarde, sin prisas. El viaje de ida fue bastante bien: Irene se quedó frita nada más subir al coche en su nueva y flamante sillita grupo uno Maxi-Cosi Tobi. A media tarde hicimos una parada técnica (que a falta de bares de carretera en este país, tuvo que ser en un McDonalds, pero tengo que admitir que estaba superbien equipado para bebés/niños), y otra vez al coche. Irene hubo un rato que se aburrió un poco y protestó, pero para cuando llegamos a Killarney ya estaba dormidita otra vez. Total: cinco horitas de viaje, y eso que la carretera estaba más o menos bien.
Habíamos reservado en el hotel Arbutus sin tener ni idea de si era bueno o malo, y al llegar nos pareció un sitio muy curioso: es un hotel bastante antiguo, o al menos decorado al estilo antiguo (según ellos, celtic decó  ), pero muy acogedor. Irene abrió un poco un ojo cuando la trasladamos del coche a la cunita de la habitación, pero inmediatamente cogió la posturita y se quedó frita otra vez, momento que nosotros aprovechamos para cenar los bocadillos que habíamos traído... y ahí se acabó el viernes: todos a dormir. Es lo que tiene viajar con niños pequeños...
Mañana más.
Hoy hace dos añitos que llegamos a Irlanda
Y para celebrarlo hemos decidido irnos por ahí de fin de semana los tres, a hacer turismo, aprovechando la oferta que nos hacen los señores de ESB a través de los Direct Debit Breaks.
Nos vamos a Killarney, con la idea de ver un poquito la zona del anillo de Kerry, que dicen que es una de las zonas más bonitas de Irlanda, y todavía no la conocemos.
Ya os contamos a la vuelta, ¡buen fin de semana!
Ayer domingo cumplimos Fredi y yo uno de nuestros pequeños sueños dublineses: nos llevamos a Irene de excursión a St Stephen's Green, con una mantita, a jugar sobre la hierba
Ni que decir tiene que lo pasamos de miedo; al principio estábamos nosotros tres solos, pero poco a poco se nos fueron uniendo varios amigos, y acabamos montando un buen picnic, ¿qué mejor manera de pasar una tarde soleada de otoño? Y para rematar el día, un buen café con pasteles en un local que nos podríamos haber encontrado en cualquier ciudad española, ¡qué bueno es sentirse como en casa!
(Nota: la foto es nuestra pero es un poco antigua, sorry... en todas las que hicimos ayer sale gente, y por norma esas fotos no las ponemos nunca públicas, y además de todas formas no hemos tenido tiempo de subirlas a Flickr todavía  )
Bueno, con un poco de retraso pero aquí viene la segunda parte del fin de semana.
El sábado nos levantamos sin prisa, y a media mañana cogimos el coche y nos fuimos a Dublín. Tuvimos una vez más la suerte de que hacía un tiempo increíble (después del verano otoñal ha venido el otoño veraniego), y aprovechamos para dar un buen paseo haciendo el típico recorrido por el centro, para que Sara lo conociera un poquito. Las calles estaban hasta arriba de gente, e Irene se lo pasó como los indios pasando de brazo en brazo e investigando todos los sitios por los que pasábamos
Después de estar un ratito por el lado sur de la ciudad (ya sabéis, Trinity College, Grafton Street, etc.) y de comer en uno de nuestros restaurantes favoritos, Ciao Bella Roma en Temple Bar, cruzamos el río para ir a enseñarle a Sara los alrededores de O´Connell Street, y también (con un poquito de nostalgia) dónde vivíamos nosotros antes y dónde vio Irene por primera vez la luz, en el Rotunda Hospital. Y después de merendar en otro de nuestros sitios favoritos, el Lemonjelly del barrio italiano, nos volvimos para casita.
El domingo se nos ocurrió la feliz idea de ir a dar una vuelta por Howth, un pueblecito de pescadores que todavía no conocíamos. La pena es que justo ese día amaneció medio regular, y para cuando llegamos allí había un poco de niebla, así que no se veía tan bonito como hubiera tenido que verse... aun así pasamos un buen rato cotilleando por los puestos de comida (tenían baklava libanés auténtico, muy rico) y enseñándole a Irene las focas que nos miraban desde el agua junto al embarcadero. Después, como ya parecía que por allí no había mucho que hacer, nos acercamos hasta St Anne´s Park a ver el jardín de rosas y las ardillitas, y supuestamente también a comer, pero resultó que la única cafetería que hay no nos convencía mucho (estaba en un primer piso, no había ascensor a la vista e Irene estaba dormida en su sillita), así que decidimos volvernos ya para casa...
... y ahí fue cuando de verdad nos dimos cuenta del problema de espacio-tiempo que supone vivir en las afueras de Dublín: tal como están las cosas con las obras de la M50, la Red Cow Roundabout (más conocida como la Mad Cow debido al caos que genera) y demás incordios, se tarda muuucho en llegar en coche de una parte a otra de la ciudad... total, que como se iba haciendo tarde hicimos un alto en el camino, para comer en el Kylemore del Liffey Valley Shopping Centre (curioso sistema para servir las mesas, por cierto). Al final para cuando llegamos a casa estábamos tan cansados que nos echamos todos una siesta
Y el lunes ya, a cerrar la maleta y ¡al aeropuerto! Fredi tenía que trabajar, y nosotras fuimos primero a llevar a Irene a la guardería, aprovechando para que la conocieran también la abuela y la tita Sara, y después cogimos un taxi hasta el aeropuerto (que yo no me atrevía a meterme con el coche en el meollo de las obras). Comimos allí, y después nos fuimos cada una por nuestro lado: ellas de vuelta a España y yo de excursión al centro, y de ahí a casita.
En fin... se ha hecho un poco corto, y la verdad es que nos gustaría que hubiera dado para más, pero dicen que siempre hay que dejar algo para la próxima visita, así que Sara, ya sabes, a ir planeando la próxima, ¿vale?
Por cierto, si os apetece ver un reportajillo gracioso sobre Dublín, tenéis los links al vídeo en el blog de Rafa
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