Hace un rato me he dado cuenta de que ¡Irene ya sabe darse la vuelta difícil!
Esto es, darse la vuelta de boca arriba a boca abajo.
La vuelta fácil, de boca abajo a boca arriba, ya la sabe hacer desde hace más o menos tres meses.
Estábamos esta tarde las dos jugando tiradas en la alfombra cuando me fijé en que Irene pasaba de estar tumbada de lado a ponerse boca abajo con toda facilidad, y acordándome de cómo se retuerce y se pone de lado cuando le cambio el pañal en el cambiador (y todo para mirar la sombra de su mano proyectada en la pared, no os lo perdáis), pensé que si quisiera podría perfectamente darse la vuelta de boca arriba a boca abajo.
Pero claro, eso suponiendo que tuviera una razón suficientemente buena como para hacerlo, porque en realidad siempre se trata de lo mismo: algo te llama la atención y aprendes a moverte para conseguirlo (y esto es aplicable a las personas de todas las edades

)
Y mira tú por dónde, cinco minutos después se presentó la ocasión: Irene estaba boca arriba echándose la mantita de juegos por encima de la cara, y se me ocurrió enseñarle el espejito que viene cosido a ella y luego volver a dejar la mantita extendida en el suelo... et voilá! Irene alegremente se da la vuelta y se pone a jugar con el espejito.
Qué penina,
Fredi se lo ha perdido, le hemos llamado en seguida al trabajo para contarle la primicia. Aunque ahora que lo pienso, igual no es la primera vez que lo hace, igual yo también me lo perdí. Y seguro que ahora que ya va todos los días a la guarde nos perdemos muchas primeras veces de muchas cosas, pero tampoco me importa demasiado... al fin y al cabo sí es una primera vez, ¡la primera vez que se ha dado la vuelta difícil en casa!