El martes, mientras comía con otras madres después del yoga, Irene se despertó, cosa rara en ella, que normalmente duerme como un tronco a esas horas. El caso es que me la puse en el regazo, y ella empezó a chuparse las manos, como hace siempre desde hace un par de semanas, y la mamá que estaba enfrente de mí me dijo toda convencida: "seguramente ya está empezando con los dientes, porque tiene las mejillas coloradas".
Yo era la primera vez que oía lo de las mejillas y los dientes, pero sí que es verdad que las mejillas de Irene llevaban coloradotas unos días...
Ayer miércoles la niña estuvo más dormilona de lo normal, como cansona, sin muchas ganas de jugar, y de vez en cuando protestaba como quejándose y llevándose las manos a la boca. A media tarde me pareció al darle un beso que estaba bastante calentita, y se me ocurrió ponerle el termómetro a ver si tenía algo de fiebre, pero resulta que el
termómetro superferolítico de Chicco que nos han regalado es tan tan sofisticado que si lo usas tres veces seguidas te da tres temperaturas distintas (o a lo mejor es que yo no lo sé utilizar), con lo que sólo me sirvió un poco de orientación: de tener, tenía sólo unas decimillas, nada preocupante.
Y por fin, llegó el síntoma definitivo: la caca era más líquida de lo normal, otra de las cosas que dicen que suelen pasar cuando se empieza con los dientes, así que ya no le dimos más vueltas. Eso no quiere decir que le vayan a empezar a salir los dientes ya, ni mucho menos... sólo es que le están empezando a molestar las encías, y como dicen por ahí, le están empezando a
cuajar los dientes.
Hoy Irene ha estado igual de activa y simpática que siempre, supongo que esto irá por días, unos mejor y otros peor; pero eso sí, definitivamente ya ha empezado la fase de llevárselo todo a la boca, así que le hemos comprado un par de mordedores para que se entretenga hincándoles el diente