Buenas, ya sé que últimamente no escribo mucho, y además tengo pendiente una renovación completa del blog, pero de momento el post de actualización semanal que no falte...
¡Bolita y yo ya hemos entrado en la semana 23! Nos seguimos encontrando fenomenal los/las dos, y cruzamos los dedos para que siga siendo así
Y en el mundo exterior... se acabó el verano. Irlanda ya vuelve a ser la de siempre: viento, lluvia, humedad... todavía no hace frío, pero lo que sí se nota es que los días se van acortando cada vez más, y nos cuesta más levantarnos por la mañana porque ya no hay tanta claridad. Pero bueno, qué se le va a hacer, esto ya lo sabíamos cuando llegamos aquí, habrá que irse acostumbrando.
Y hablando de acostumbrarse, este fin de semana pasado he empezado un experimento, y de momento estoy muy contenta con los resultados, aunque habrá que esperar un poco más a ver qué tal funciona. Os cuento: llevaba unos meses que me encontraba bastante cansada en general, y sé que en parte se debe al embarazo (sobre todo los tres primeros meses, eso lo dicen en todas partes y es normal), pero por otra parte, cuanto más descansaba más cansada me encontraba... ¿sabéis de estas veces que te quedas durmiendo hasta las mil y luego es peor porque estás todo el día como si te hubieran pegado una paliza? Pues el fin de semana pasado fue exactamente lo que me pasó: me quedé durmiendo los tres días hasta tarde (el lunes era fiesta) y el martes me encontraba más cansada que nunca.
Así que este fin de semana cambié de estrategia. Llevaba ya unos días leyendo en distintos blogs de desarrollo personal (ahora me he vuelto muy aficionada, gracias sobre todo a mi amigo
Gleb) que una buena manera de mantenerse con energías y además aprovechar el tiempo es levantarse todos los días a la misma hora... y digo TODOS los días, fines de semana incluidos, porque al cuerpo le resulta mucho más fácil habituarse a despertarse siempre a la misma hora. Así que tomé la decisión de probar, y tanto el sábado como el domingo seguí poniendo el despertador a la misma hora de siempre... es decir, las 5:30
Como os digo, estoy muy contenta con los resultados: el sábado no me costó nada de nada levantarme, de hecho ya estaba despierta un par de minutos antes de que saltara el despertador; me sentía con mucha ilusión y energía y aproveché un montón el día. El domingo me costó un pelín más, porque entre otras cosas el sábado había ido a Yoga y siempre al día siguiente ando un poco más apalizada, pero me levanté igualmente y otra vez aproveché un montón. Pero lo mejor fue que el llunes no me costó levantarme tampoco, durante el día estuve muy activa y no llegué a casa tan cansada como otros lunes ni mucho menos, así que al menos de momento ¡funciona!
Pero claro, para que pueda funcionar bien también hay que acostarse a una hora decente todos los días, incluidos fines de semana. Yo ahora me acuesto siempre alrededor de las diez de la noche (quién lo hubiera dicho de mí hace tan siquiera un año, ¿eh?), y así descanso lo que tengo que descansar, y si durante el día me apetece echarme un ratito (que hasta ahora no me ha pasado), también lo puedo hacer. Así que de momento voy a seguir así, ya os contaré a ver cómo sigue saliendo la cosa.
Pero por acostarnos temprano no dejamos de hacer vida social ni de quedar con la gente, ¿eh? Lo único es que ahora intentamos quedar a mediodía o por la tarde en lugar de por la noche. Por ejemplo, el viernes fuimos con Hernán al cine a ver
Nacho Libre (que está fenomenal, es una chorrada de película pero te ríes un montón) a las siete y media de la tarde, y así disfrutamos igual sin tener que quedarnos por ahí hasta las mil.
Por cierto, que si alguien tiene interés en el tema de los blogs de desarrollo personal, que me lo cuente y escribo un post con los links que conozco, ¿ok?