Bueno, pues ya nos hemos apuntado al paro irlandés... o casi.
Empiezo por el principio: en España estábamos cobrando el paro, y antes de venir solicitamos que nos trasladaran la prestación aquí, a Irlanda. Rellenamos un formulario en el
INEM y nos dieron unos impresos para entregar aquí en cuanto llegáramos, dándonos como plazo máximo una semana. Así que, muy obedientes nosotros, al día siguiente de llegar (o sea, ayer), fuimos al
FÁS, la oficina de empleo irlandesa, con los papeles preparaditos; pero resulta que esto está organizado de otra manera: por un lado está el
FÁS, que se encarga de la búsqueda de empleo propiamente dicha, y por otro las
welfare offices, que entre otras cosas se encargan de la concesión de ayudas y prestaciones.
Total, que ayer sólo pudimos hacer la parte de "apuntarnos para buscar trabajo", sobre lo que nos dieron algunos consejillos, y dejamos para hoy la parte de "solicitar la prestación por desempleo"... y aquí es donde viene la odisea de los apellidos.
Llegamos allí los dos, le contamos a la señorita de la ventanilla que queremos traernos la prestación de España, y ella nos dice que de uno en uno, por favor, así que empezamos por mí. Me pide el pasaporte y empieza a rellenar los datos en un formulario... y se queda mirando mi nombre completo... me pregunta cuál de las palabras es mi apellido, y yo le digo que tengo dos, que en España es así, que uno viene del padre y otro de la madre. Un poco más adelante me pregunta cuál es el apellido de soltera de mi madre, que lógicamente, es mi segundo apellido, y yo se lo vuelvo a explicar. Todo esto ya les resulta bastante raro.
Pero claro, luego viene la segunda parte: ¿está soltera o casada? Casada, digo yo, con él (y señalo a Fredi que está esperando turno). Me pide sus datos para meterlos también en el formulario, y entonces toca explicarle que nuestros apellidos son distintos porque en España una mujer al casarse no toma el de su marido... pero es que da la casualidad de que el primer apellido de Fredi coincide con el segundo mío, y ahí es donde la pobre mujer se queda mirando al papel y haciendo cálculos mentales como diciendo: entonces... el primer apellido de él pasa a ser el segundo de ella... ¿o cómo? Que no, que no, que es una coincidencia, que nuestro apellido es muy común allí... me dice: "ah, como Smith, ¿no?", y decimos, sí, sí, eso, eso.
Luego a Fredi le tocó el turno con la señorita de la ventanilla de al lado, y entre las dos siguieron preguntándonos cosas y rellenando formularios, pasándose nuestros pasaportes y copiándose entre ellas los datos, que al fin y al cabo eran casi los mismos. Tardamos un buen rato y no terminamos el trámite, ni mucho menos... ahora resulta que tenemos que llevar una prueba de residencia, o sea de que vivimos donde decimos que vivimos (o sea, que el casero firme un papel diciendo que vivimos allí, y además adjunte una factura a su nombre para demostrar que él mismo es el casero), y con eso (una vez hayan llevado a traducir los papelotes que trajimos de España y los hayan procesado, lo cual dicen que puede tardar como tres semanas) nos darán un resguardo y un carnet con el que tendremos que ir todas las semanas a la oficina de correos de nosedónde a cobrar nuestra prestación. Sencillito, ¿eh?
En fin, mañana será otro día.